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La ruptura de la promesa marcaria de Cambiemos, núcleo de la actual crisis

15 mayo 2018

Por Norman Berra

Recordemos que Cambiemos necesitó tres rondas electorales para ganar la presidencia en 2015: 1) las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias de agosto en las que Mauricio Macri (PRO) obtuvo 24,50% de los votos y con ello se impuso a los precandidatos alternativos de ese frente, el radical Ernesto Sanz (3,34%) y Elisa Carrió (2,28%); 2) la primera vuelta de octubre de ese año, cuando Macri alcanzó 34,15% y Daniel Scioli del FPV 37,08%, con lo cual forzó la segunda vuelta 3) el ballotage del 22-N, en el cual Macri se impuso por 51,34% a 48,66%, una ventaja estrecha de apenas 2,68 puntos porcentuales. Si para las PASO y la primera vuelta le bastó con encarnar la oposición al kirchnerismo (ese era el núcleo del cambio propuesto), a efectos de construir esa coalición electoral ganadora mínima (el “partido del ballotage”), Macri necesitó persuadir a una porción del electorado que no era decididamente antikirchnerista y que no lo había elegido dos veces: ni en las PASO, ni en octubre. Por ello, gran parte de su campaña apeló a una nueva promesa marcaria con dos conceptos centrales: “podemos vivir mejor” y “no vas a perder nada de lo que tenés”, es decir, dos consignas ligadas a un bienestar socioeconómico que sobrevendría con la gestión de Cambiemos y que marcaban una cierta continuidad con la gestión anterior, pero apostando a más.

Esas promesas marcarias son las que Cambiemos viene rompiendo y las que empiezan a pasarle factura transcurrido el 60% de su gobierno. Si bien el gobierno pudo apelar en 2016 y 2017 a las expectativas (procastinando repetidas veces un “segundo semestre” y reiterando que “lo peor ya pasó”) y el contraste político con la gestión K, luego de la victoria en las elecciones de medio término del 2017 el lanzamiento del reformismo permanente dotó al concepto de cambio de un contenido económico que no impactó de manera favorable en la opinión pública. El deterioro más fuerte se dio a partir de la reforma previsional de diciembre y atravesó todo el primer trimestre de este año. Ya en marzo pasado, una encuesta nacional (sobre una muestra de 1.100 casos) de la Universidad de San Andrés mostró que el 44% cree que el país está peor desde que asumió Macri (en noviembre de 2017 sólo 27% creía lo mismo) y un 40% cree que mejorará (contra 58% que tenían esa expectativa en noviembre pasado). El estudio de la misma entidad realizado en abril arrojó que el 53% desaprueba la gestión de gobierno de Macri, contra un 46% que la aprueba; además del diferencial negativo de 7 puntos porcentuales, otro dato clave es que el malestar de mayor nivel de intensidad que se expresa en el “desaprueba mucho” alcanza 34%, muy por encima del “aprueba mucho”, que apenas llega al 13% (ver datos arriba; click para agrandar). Como se puede apreciar en el gráfico, se trata del nivel de desaprobación más alto en la serie evolutiva medida desde que Macri gobierna.

Existe una convergencia general de todos los estudios conocidos en poner de manifiesto el malestar con la situación económica: según una encuesta nacional de Synopsis basada en una muestra nacional de 1.416 casos (ver datos arriba; click para agrandar), las preocupaciones económicas” suman 51,2%, 33,5% la inflación y 17,7% el desempleo; más de la mitad de los argentinos cree que la situación económica empeoró en el último año y sólo un 28,8% cree que mejorará en el próximo. Esa evaluación coexiste con una valoración del gobierno nacional positiva de 34,3% y negativa de 43,3%, lo que arroja un diferencial negativo de 9 puntos porcentuales (ver datos abajo; click para agrandar). Por otro lado, según un estudio de la consultora Opinaia (sobre una muestra de 969 en las cinco provincias más pobladas) el 46% cree que el poder adquisitivo “empeorará en relación a la inflación”, contra un 34% que piensa que “se mantendrá en niveles similares” y apenas un 20% que opina que “mejorará en relación a la inflación”. En tanto, según la encuesta nacional de Gustavo Córdoba que citamos en el post anterior, casi el 60% de los argentinos (59,7%) tiene expectativas negativas sobre la economía (ver datos abajo; click para agrandar).

En ese marco, la expectativa inflacionaria subió a 25% en abril (según la mediana de respuestas), es decir que los argentinos ya esperan la misma inflación que hubo en 2017. Considerando el promedio el dato es aún peor: llega al 33,1% (ver datos abajo; click para agrandar). En síntesis, los electores no ven la mejoría prometida, sino que perciben un deterioro. Como dato clave, todos los estudios que citamos en este post fueron realizados antes de la “semana negra” que marcó el paso de abril a mayo. Teniendo en cuenta que el primer trimestre arrojó una inflación oficial del 6,7%, cuando se conozca el dato del Indec de la inflación en abril quedará en evidencia que el objetivo oficial del 15% anual que el gobierno plantó como referencia para las paritarias salariales será rebasado este año, lo cual podría generar una nueva pérdida del poder adquisitivo que profundizará el actual malestar.

Fuente: Clima de Opinión

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