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Efectos socioeconómicos de gestión: implicancias para el 2019

9 mayo 2018

Por Norman Berra
Citábamos en el post anterior el reciente estudio de opinión elaborado por las consultoras Taquión y 3puntozero sobre una muestra nacional de 1.632 casos. Veíamos ahí que, en conjunto, los problemas ligados a la economía alcanzaban el 48%, casi la mitad de las menciones totales. El director de Taquión, Sergio Doval, evaluaba que lo más perjudicial de la inflación es la pérdida del poder adquisitivo. En este marco, la mala noticia es que en el último trimestre nuevamente se observa un deterioro del poder adquisitivo, ya que la inflación le ganó por casi 3 puntos a los salarios. De acuerdo a los datos del Ministerio de Trabajo, entre diciembre de 2017 y febrero de 2018 los salarios en blanco tuvieron una mejora del 4,8%. Según otros datos oficiales (Indec) la inflación en esos tres meses fue del 7,5% (brecha de 2,7 puntos porcentuales). Peor aún, el parámetro salarial son las cifras del RIPTE (Remuneración Imponible de Trabajadores Estables), que ubica el salario promedio en más de $ 27.000, esto es, un valor que permitiría cubrir la canasta familiar pero que está lejos de lo que cobra la mayoría de la clase trabajadora. Asimismo, en la inflación está subvaluado el peso de las tarifas en los gastos familiares, lo cual implica que no mide realmente las consecuencias de los tarifazos en la vida cotidiana.

Así, teniendo en cuenta que el gobierno insiste en cerrar acuerdos por el 15% y las estimaciones de inflación ya superan largamente el 20%, los salarios perderían este año poder de compra frente al incremento sostenido de los precios. Esto permite entender por qué la inflación es el principal problema, con casi 22% de las menciones en la encuesta de Taquión. El malestar económico también se pone de manifiesto en la evaluación de gobierno de Cambiemos. Según el mismo estudio, el 42,7% califica positivamente a la gestión del presidente Mauricio Macri, contra un 51,6% que la califica negativamente (ver datos arriba; click para agrandar). La brecha, de casi 9 puntos porcentuales (8,9 pp) es estadísticamente significativa, ya que el error muestral reportado del estudio es de +- 2,4%. La calificación favorable está en el orden de magnitud de los votos obtenidos por Cambiemos en las legislativas del 2017 (42%), pero bien por debajo del 51,34% logrado en el ballotage del 2015. Asimismo, el informe arroja un resultado muy desfavorable para el oficialismo en un issue que hasta no hace mucho tiempo le servía para diferenciarse del gobierno anterior: la corrupción. De acuerdo a la encuesta, el 48,4% cree que Macri es muy o “bastante corrupto”, a lo que se le suma un 18,7% que lo considera “poco” corrupto. En contraposición, sólo un 21,9% cree que el presidente es “nada corrupto” y un 13,7% restante “no sabe” (ver datos abajo; click para agrandar). Tiempo atrás, un estudio nacional de la consultora Opina había arrojado que el 47% de los argentinos creía que había mucha corrupción en el actual gobierno, por lo cual este nuevo dato está en sintonía con el anterior. Esto tiende a confirmar que se va erosionando con el tiempo la funcionalidad del argumento “corrupción” en el relato “M” diferenciador del kirchnerismo, hipótesis que ya hemos esbozado en este blog.

El estudio de Taquión/Punto Zero aporta otro dato clave de cara al 2019 electoral. Ante la pregunta por autodefinición política, el 18,9% se definió como “macrista” y el 18,1% como “kirchnerista”; 59,4% se definió como “ni uno ni otro” y 3,7% ns/nc (ver datos arriba; click para agrandar). Esto tiene varios niveles de lectura que resulta oportuno destacar: 1) los núcleos duros de los dos principales polos políticos están en una situación de empate técnico (0,8 puntos porcentuales no son una diferencia estadísticamente significativa) 2) si bien el 59% se muestra equidistante, el comportamiento electoral de las primarias (PASO) del 2015, la primera vuelta, el ballotage del 2015, las PASO del 2017 y las generales del 2017 muestra que en cada turno electoral los segmentos moderados fueron volcándose hacia uno de los dos polos, el cambiemita o el kirchnerista, drenando la base electoral de las terceras fuerzas 3) esta dinámica de comportamiento, una regularidad estadística en los últimos cinco turnos electorales, limita las posibilidades de despliegue de opciones electorales como el massismo y el justicialismo no K, que no han podido evitar la polarización ni en 2015 ni en 2017 4) la dinámica de desgaste del oficialismo favorece la consolidación de una oposición bien nítida, requisito que hasta ahora el opo-oficialismo que representan Massa y los gobernadores justicialistas no K no han cumplido.

Esto sugiere que la probabilidad de que se repita una dinámica polarizadora en 2019 es alta, lo cual le quitaría tracción electoral al peronismo no K. Como observó oportunamente el sociólogo y consultor Carlos De Angelis, “hoy el peronismo no kirchnerista no encuentra la fórmula para conectar con la sociedad. Basta para esto ver la forma en que se presentó el encuentro de Gualeguaychú, que reunió al sector que conduce el senador Pichetto con las huestes de Sergio Massa. El anuncio del surgimiento del ´peronismo antikirchnerista´ no podría ser más tardío. Por si no se ha percibido, en Argentina gobierna el antikirchnerismo desde diciembre de 2015 (…) A estas alturas, los dirigentes con expectativas del peronismo como Florencio Randazzo, Juan Manuel Urtubey, José Manuel de la Sota o el mismo Sergio Massa deben estar calculando si sostenerse en ese espacio realmente significa una apuesta con posibilidades de futuro. ¿Es realmente Pichetto el Eduardo Duhalde de 2003 buscando un candidato para enfrentar a Carlos Menem? Contrariamente a lo que pregonan los que ven la historia como una repetición, Pichetto no es Duhalde, ni Macri, Menem. El escenario es otro. Por su parte, Urtubey y De la Sota, si pretenden escalar en la consideración ciudadana, deben primero expandir sus fronteras en el conocimiento popular. Luego, la estrambótica intervención del Partido Justicialista por parte de Luis Barrionuevo decidida por la jueza María Romilda Servini plantea el interrogante sobre la incidencia de ese instrumento electoral que muchos denominan un “sello de goma”, siendo el único objetivo del gastronómico asegurar que el peronismo vaya dividido a las elecciones, alineado con los deseos de la Casa Rosada. Pero atención, Cristina va mejorando lentamente su imagen positiva, descubriendo –tardíamente– una estrategia atronadora: el silencio”.

Fuente: Clima de Opinión

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