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Correlación de fuerzas a partir del escrutinio definitivo

13 septiembre 2017

Por Norman Berra

Decíamos en la entrada anterior que el dilema del espacio pan-justicialista es la falta de un liderazgo unificador como el que tiene Cambiemos. En el ballotage del 22-N, el espacio panjusticialista, unificado, sumó 48,66% de los votos, contra 51,34% de Cambiemos. En las PASO del 13-A, Cambiemos alcanzó 35,09%, un leve avance contra el 34,15% obtenido en la primera vuelta presidencial del 2015, pero el espacio panjusticialista se presentó fragmentado: por un lado, el Frente de Unidad Ciudadana/kirchnerismo (21,08% del total nacional como sello puro) y el peronismo no K (15,25%), lo cual suma un 36,33% del total nacional, apenas por debajo del 37,08% obtenido por el FPV en la primera vuelta del 2015. Si bien la victoria de CFK en provincia de Buenos Aires sobre Cambiemos fue magra (apenas 20.324 votos, un 0,21%), el Frente de Unidad Ciudadana tiene un volumen electoral suficiente para gravitar políticamente, aun si la ex presidenta perdiera en octubre frente a Esteban Bullrich: sólo en PBA, contó con 3.229.194 votos en las PASO.

A ese volumen se le podrían sumar los obtenidos por las listas del FPV y Unidad Ciudadana en distritos donde concurrió con sello propio o con aliados: Chubut (98.059, con lo cual ganó las primarias), Formosa (dentro del frente oficialista ganador de las PASO, 175.460 votos), Río Negro (ganó las primarias, con 154.090 votos), San Juan (dentro del frente ganador de las PASO, 204.073 votos), Santa Fe (ganó las primarias, con 516.803 votos), Santiago del Estero (dentro del frente ganador, 359.110 votos), San Luis (integró el frente derrotado por Cambiemos, 109.632 votos) y Tierra del Fuego (ganó las PASO, con 19.281 votos). Así, obtenemos un acumulado de 5.913.423 votos a nivel país. Esa sumatoria implica un 24,5% del total nacional, 11,4 puntos porcentuales por debajo de lo obtenido por Cambiemos, 9,25 puntos porcentuales por encima de lo que sumó el peronismo no K a nivel país (15,25%) y 17,12 puntos porcentuales por encima de los votos de 1País (massismo y aliados) a nivel nacional (7,38%). Es decir, en términos de volumen electoral específico, las PASO demostraron no sólo que CFK y el kirchnerismo están vivos políticamente, sino que su caudal electoral está muy por encima de sus rivales y competidores dentro del espacio pan-justicialista.

Si en la disputa interna por el liderazgo en el espacio pan-justicialista CFK volcara a su favor a los referentes peronistas filo-K de Catamarca (donde el frente PJ ganó las primarias con 99.959 votos), Chaco (también ganador de las PASO, 268.870 votos), Corrientes (205.467), Entre Ríos (331.466 votos), Jujuy (118.714 votos) y Mendoza (355.782 votos), sumaría un caudal adicional de 1.380.258 votos, que llevaría al espacio a un total de 30,2% a nivel país, esto es, a apenas 5,7 puntos porcentuales de Cambiemos. Contra eso, el justicialismo no K sólo podría oponer un volumen de 2.022.197 votos, sumatoria de lo obtenidos en Córdoba (UPC), PBA (Cumplir), La Pampa, La Rioja, Salta y Tucumán, un 8,37% del total nacional. Por supuesto, las chances de una potencial unidad del espacio (e incluso de que se produzca una sumatoria como la que planteamos recién) no pueden superar por ahora el terreno de las hipótesis. Es probable que ni siquiera las elecciones de octubre permitan despejar las incógnitas al respecto, y que las mismas permanezcan hasta las PASO o las generales de 2019.

Sin embargo, el 22-O sí podría resolver dos cuestiones: del caudal electoral que conserven Florencio Randazzo y Sergio Massa depende que se refuerce el kirchnerismo o “el ala renovadora” dentro del espacio pan-justicialista. Si tanto Cambiemos como el Frente de Unidad Ciudadana crecen a costa de drenar los votos de Cumplir y de 1País en PBA (aunque sea en proporciones diferentes), será más probable que se refuerce la tendencia polarizadora y que la “avenida del medio” del massismo y el “peronismo republicano” se debiliten, lo cual beneficiaría tanto a Cambiemos como a su contraparte negativa, el kirchnerismo, de cara al próximo turno electoral del 2019. Como planteó el consultor Ricardo Rouvier, “el panperonismo, con cada uno de sus fragmentos, participó de las PASO buscando oxígeno para sus pulmones y para poder mantener su vigencia; algunos con el deseo de reunir al peronismo del interior y otros con el deseo de que CFK vuelva a liderar el matrimonio peronismo/kichnerismo. Ambos deseos tienen sus obstáculos para concretarse, y esos obstáculos no solo provienen de los movimientos del adversario sino de la propia interioridad. Frente al esquema tradicional bipartidario, hoy desaparecido, va emergiendo un nuevo escenario político nacional. Así como el kirchnerismo funcionó como vanguardia del peronismo, incluyendo propuestas que superaban al peronismo conservador, el PRO es hoy la vanguardia ideológica de la UCR, que no crece por sí misma, y de la pequeña fuerza Coalición Cívica (…) No se puede negar que en este crecimiento de Cambiemos ha incidido (como ocurre siempre en la política) contar con un adversario suficientemente amenazante como para generar sentido y energía en la construcción de una alternativa. Sobre la negatividad del kirchnerismo se construyeron las bases de Cambiemos. Ahora, al revés, el kirchnerismo hace lo mismo”. Esa motivación del voto (votar a CFK para que no gane el gobierno de Macri, y al revés, votar a Cambiemos para que no gane el kirchnerismo) fue central en provincia de Buenos Aires y el conurbano bonaerense (GBA), donde se dio la elección más voluminosa y polarizada, pero también atravesó como eje a gran parte de los demás distritos.

Fuente: Clima de Opinión

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